Trastorno por pánico

 

¿Tiene Ud. arranques de miedo que le hacen pensar que está enfermo, a punto de morir o de volverse loco? Cuando aparecen estas sensaciones de pánico, ¿siente como si su corazón fuese a estallar fuera del pecho o que le falta el aire? Tal vez Ud. se siente mareado, a punto de desmayarse, con temblores, transpiración, náuseas o miedo a morir. ¿Estas sensaciones le aparecen de la nada, cuando menos las espera? ¿Tiene temor de que este ataque se vuelva a producir? ¿Interfiere con su rutina diaria o le impide hacer cosas que normalmente haría?

Si alguna de estas descripciones se aplica a su caso, quizás esté sufriendo de un trastorno por pánico. Estos ataques de miedo repentino se llaman ataques de pánico, y generalmente se acompañan de una ansiedad bastante constante a sufrir otro. Los ataques y la ansiedad concomitante se llaman, en conjunto, trastorno por pánico. Las personas que lo sufren generalmente comienzan a evitar situaciones donde el ataque podría producirse (cines, teatros, supermercados, etc.), y esto lleva el nombre de agorafobia. Usualmente se trata de situaciones en donde es difícil escapar o encontrar ayuda. Sin embargo, no todas las personas con trastorno por pánico tienen agorafobia, ni todas las personas que sufren de un ataque desarrollan el trastorno.

 

¿cuál es la causa de los ataques de pánico?

  • Factores biológicos.

Las investigaciones sugieren que los ataques de pánico no se deben a una enfermedad biológica. Algunos factores biológicos heredados o genéticamente transmitidos pueden llevar a que algunas personas sean más vulnerables a sufrir pánico. Algunos autores postulan que esta tendencia es parte de una sensibilidad emocional más general (tendencia a experimentar todas las emociones, tanto positivas como negativas, de un modo más fuerte). Otros autores postulan que lo que se hereda es una predisposición específica al pánico, independiente de la sensibilidad emocional más general. Cualquiera que fuera, es importante tener en cuenta que heredar esta vulnerabilidad no hace que necesariamente padezcamos ataques de pánico o que los mismos sean incurables. La predisposición al pánico no se transmite genéticamente del mismo modo que el color de ojos. Heredar una tendencia  aumenta las chances de padecer ataques de pánico pero no los hace inevitables. La persona puede aprender a pensar y actuar de modos determinados que previenen la ocurrencia de ataques de pánico.

La vulnerabilidad puede derivar de sistemas adrenérgicos o serotoninérgicos extremadamente sensibles (serotonina y adrenalina son neuroquímicos que transmiten los impulsos nerviosos). Otra posibilidad es que algunas personas sean más proclives a hiperventilar (respirar muy rápidamente) porque tienen detectores muy sensibles en el sistema respiratorio, que se sienten sofocados incluso cuando no falta el aire. Recordemos que la hiperventilación es uno de los síntomas claves del ataque de pánico.

Los factores biológicos pueden explicar por qué el trastorno por pánico tiende a aparecer en varios miembros de la misma familia. Sin embargo, no es correcto decir que el pánico está causado por un desbalance químico, sino que es más correcto postular que algunas partes del sistema nervioso, anormalmente sensibles, pueden aumentar la probabilidad de que alguien desarrolle un trastorno por pánico.

  • Factores psicológicos

Las personas con ataques de pánico tienden a sostener determinadas creencias que los llevan a sentir temor de sus sensaciones corporales, tales como aumento de la frecuencia cardíaca, falta de aire, mareos, etc. Esta creencia sostiene que algunos síntomas físicos pueden ser dañinos: que la taquicardia conduce al paro cardíaco, el mareo al desmayo, la sensación de irrealidad a la locura.

Algunas investigaciones sugieren que tener padres que fueron sobreprotectores respecto de la salud física de sus hijos puede contribuir a una preocupación exagerada por parte del niño respecto de su salud, que gradualmente lo conduce a creer que los síntomas físicos son peligrosos.

Sin embargo, estos factores psicológicos no son la única causa de los ataques de pánico. Es más factible que sea la interacción entre factores psicológicos y biológicos la causante de la vulnerabilidad.

  • Estrés

La mayoría de las personas sufre su primer ataque de pánico cuando están bajo intenso estrés. No sólo los eventos negativos (pérdida de un trabajo, por ejemplo) causan estrés, sino también los positivos (mudanzas, casamiento, embarazo). Por esto, los ataques de pánico tienden a aparecer entre los 20 y 30 años, cuando la persona generalmente atraviesa momentos de mucho cambios (forma pareja, comienza y concluye una carrera, consigue trabajo, se muda de la casa paterna).

Existen dos tipos de estrés: el estrés interpersonal (causado por las relaciones sociales) y el estrés físico (alergias, resaca, consumo de drogas, enfermedades). Durante estos períodos de estrés, la persona está muy tensa, e incluso los pequeños problemas cotidianos parecen imposibles de resolver. El estrés puede disminuir la confianza de una persona en sí misma y su capacidad de manejar situaciones adversas. Lo que en otro momento era una cuestión sencilla de confrontar, ahora puede producir una gran ansiedad.

Sin embargo, el estrés no es la razón por la cual los ataques de pánico persisten. Pueden haber comenzado durante una discusión marital, pero continuan incluso cuando los problemas se han resuelto. Los ataques de pánico persisten porque tienen un ciclo de auto-mantenimiento propio.

  • Problemas médicos

Algunos problemas médicos pueden causar ataques de pánico, y controlarlos implica eliminar los ataques. Estos incluyen el hipertiroidismo y tumores en la glándula adrenal (un padecimiento muy poco frecuente). Otras causas pueden ser el consumo de anfetaminas o más de 10 tazas de café diarias.

Si Ud. no se realizó un chequeo médico el último año, y padece de ataques de pánico, le recomiendo ir al médico para chequear posibles causas físicas que estén contribuyendo a la patología. Estas causas se toman en cuenta en el tratamiento psicológico.

 

¿Cuán común es el trastorno?

Este trastorno es muy común. Los pacientes que lo padecen comienzan a automonitorear en exceso sus propias sensaciones corporales (ritmo cardíaco, malestar en el pecho, etc.) sin darse cuenta que esta revisión constante termina gatillando el próximo ataque. Las personas cuentan, por lo general, con algunas estrategias para sobrellevarlo, que no son del todo efectivas. Primeramente, intentan evitar cualquier actividad que los active fisiológicamente, como tomar café, hacer ejercicio, enojarse o mantener relaciones sexuales. También pueden contar con objetos o señales que le ofrecen seguridad, como llevar consigo el celular en toda ocasión,  el ansiolítico sublingual que le recetó el psiquiatra o salir siempre acompañado de un ser querido.

 

Tratamiento

El tratamiento cognitivo conductual para el trastorno por pánico es multicomponente. Su índice de efectividad se acerca al 80%. Esquemáticamente, cuenta con las siguientes etapas, que se adaptan a las necesidades puntuales de cada paciente.

  1. Psicoeducación. Se le explica al paciente de qué se trata un ataque de pánico, cuáles son sus componentes, cuál es su mecanismo de activación, y se destacan las consecuencias neutras del ataque (la crisis de angustia es desagradable pero nadie ha muerto por ella). Se comenta también cuál es el papel que nuestros pensamientos tienen sobre las sensaciones corporales y la conducta.
  2. Resstructuración cognitiva. Junto con el paciente, se intenta identificar cuáles son los pensamientos que preceden y acompañan a la crisis de angustia, y terminan desencadenando un ataque de pánico. Por ejemplo, ante la sensación de taquicardia, el paciente piensa: "me voy a morir de un infarto". Una vez detectado el pensamiento negativo, se analizan las evidencias a favor y en contra del mismo, cuáles son las probabilidades reales de que aquello que se teme ocurra, qué otras interpretaciones alternativas se pueden contemplar para el mismo fenómeno, y cuáles serían las peores consecuencias de padecer un ataque de pánico. Finalmente, se trabaja en la inutilidad de mantener dichos pensamientos ansiógenos. El terapeuta provee información fiable respecto de las sensacionse fisiológicas que se experimentan durante una crisis (taquicardia, ahogo, desmayo).
  3. Técnicas conductuales para el manejo de la activación fisiológica. Respiración abdominal lenta y profunda, y relajación muscular profunda. Son procedimientos útiles para evitar el desencadenamiento de una crisis.
  4. Experimentos conductuales. Se trata de ejercicios que permiten al paciente experimentar ciertas sensaciones fisiológicas poco agradables, y aprender que no son en absoluto peligrosas (como subir y bajar rápido una escalera, o tomar café).
  5. Técnicas de refocalización atencional. El paciente aprende estrategias para desviar su atención de las sensaciones fisiológicas que le disparan ansiedad,
  6. Técnicas de exposición (en caso de agorafobia). Muy gradualmente, se alienta al paciente a enfrentar aquellas situaciones temidas, previa construcción de una jerarquía de estímulos atemorizantes. Se comienza con el más sencillo, permitiendo que sea el paciente quien marca el ritmo del tratamiento.