Trastorno de ansiedad generalizada
El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) se caracteriza por un estado de preocupación excesiva de, al menos, seis meses de duración, que se manifiesta casi todo el tiempo, y está acompañado de tres o más de los siguientes síntomas:
1. Dificultades para dormir
2. Tensión muscular y contracturas, especialmente en cuello y espalda
3. Irritabilidad
4. Inquietud o impaciencia
5. Fatiga
6. Dificultad para concentrarse
Suelen también presentarse síntomas gastrointestinales, como el síndrome de colon irritable, frecuentes gastritis y reflujo.
Esta preocupación excesiva se caracteriza por ser muy difícil de controlar, ser intensa y persistente. A diferencia de otros trastornos de ansiedad, el tema de preocupación no se restringe a situaciones y objetos específicos, sino que abarca muchas áreas, y generalmente implica cuestiones de la vida cotidiana: la salud o seguridad propia o de miembros de la familia, el futuro, la economía, el rendimiento laboral, lograr cumplir a tiempo con diversas obligaciones, llegar en horario a las citas. Incluso, la mayoría de las veces, responde a cuestiones de poca importancia, como algún desperfecto en la casa o el automóvil.
Los pacientes con TAG se encuentran en un permanente estado de tensión y de alerta, anticipando constantemente la posibilidad de que ocurran hechos negativos en el futuro. Los sujetos con TAG tienen una muy baja tolerancia a la incertidumbre, y presentan un razonamiento de tipo condicional: "y si ..."
- Ante un dolor de cabeza: ¿y si es un tumor?
- Si un hijo llega tarde de una salida: ¿y si le pasó algo?
- Ante la entrega de un informe en el trabajo: ¿y si tiene errores y me despiden?
Este tipo de razonamiento presenta distorsiones cognitivas: la sobreestimación de la ocurrencia de eventos negativos, y la catastrofización de las consecuencias de dichos eventos. Las personas que padecen trastornos de ansiedad infravaloran sus propios recursos de afrontamiento ante los problemas: creen que no serán capaces de solucionarlos de modo efectivo.
Los pacientes con TAG suelen ser muy responsables y críticos consigo mismos, y consideran al mundo como un lugar amenazante y hostil. A veces evitan realizar algunas tareas por temor a sufrir consecuencias negativas (por ejemplo, no entregar un informe en el trabajo por miedo a que tenga errores); otras veces, los pacientes presentan conductas excesivas de reaseguro y corroboración (llamar muchas veces a un ser querido por teléfono para saber si se encuentra bien, o consultar a 10 abogados distintos ante un problema legal). En ambos casos, sin saberlo, se está favoreciendo la preocupación y alimentando el círculo vicioso del trastorno.
tratamiento
El tratamiento cognitivo conductual para el Trastorno de Ansiedad Generalizada presenta un índice de efectividad del 70%. A veces es necesaria la medicación, dependiendo de la gravedad del caso y el nivel de interferencia que esté provocando en la vida del paciente.
Globalmente, la TCC para este trastorno se prolonga aproximadamente por 5 meses y se compone del siguiente modo:
- Presentación del tratamiento. Se le explica al paciente cómo funciona el trastorno y el papel que la intolerancia a la incertidumbre juega en el procesamiento de la información.
- Análisis conductual y entrenamiento en darse cuenta. Se le describen al paciente los tres tipos de problemas que existen y se lo asiste para que clasifique los suyos en: problemas reales, inmediatos y modificables; problemas inmediatos, reales pero no solucionables; problemas futuros, improbables, irreales y por lo tanto no modificables.
- Intervenciones específicas sobre las preocupaciones. Entrenamiento en solución de problemas (especialmente la orientación al problema y la adaptación emocional) y exposición funcional cognitiva a las imágenes amenazantes de los problemas clasificados como irreales.
- Reevaluación de la valoración de la preocupación. Se intenta pensar en las desventajas que conlleva el preocuparse, y modificar algunas creencias erróneas respecto de la utilidad de la preocupación (por ejemplo, "preocuparme evita consecuencias negativas en el futuro").
- Relajación muscular profunda, respiración abdominal y desensibilización por autocontrol, para atacar los síntomas físicos (tensión, contracturas, problemas estomacales).
- Exposición en vivo y prevención de la respuesta. La primera se utiliza para incitar al paciente a realizar gradualmente aquellas acciones que posterga o evita. La segunda se aplica para disminuir la aparición de comportamientos de reaseguro o corroboración.